Uno de los problemas con los que tenemos que lidiar día a día en la sociedad actual es con la perfección. Los niveles de exigencia nos desbordan, parece que no tenemos derecho a equivocarnos, a cometer errores o a fallar en absolutamente nada.

Todo es susceptible de crítica y todo se puede y se debe cuestionar. Esto nos expone a una presión que en muchos casos nos obliga a elegir entre lo que queremos y lo que debemos.

Cuando uno antepone las expectativas o exigencias de los demás a los deseos y necesidades que le son propios entra en conflicto, necesariamente, consigo mismo y ésto desemboca en insatisfacción,  baja autoestima, o incluso ansiedad.

Los psicólogos siempre recordamos que aunque, en ocasiones, la terapia es necesaria, el bienestar del paciente sólo depende de él mismo y del respeto a su propia escala de valores.

Haciendo lo que uno considera que debe hacer, sin miedos, sin prejuicios, siempre logrará acertar, y si no acierta al menos habrá sido fiel a sí mismo y esa es la base de la felicidad y del bienestar emocional.

PILAR BAOS REVILLA

PSICÓLOGA SANITARIA Y EDUCATIVA

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