Corren tiempos difíciles para la educación de nuestros hijos. Tiempos en los que todo es (¿y  debe ser?) criticado por unos o por otros. Tiempos en los que se difumina la línea entre educar y adoctrinar. Tiempos en los que  se pone en duda la autoridad de los educadores para dar paso a la autoridad de los educandos. Tiempos en los que, perdemos la perspectiva de lo aprendido y enseñamos para evitar que los jóvenes cometan errores, sin considerar que de los errores se aprende de una manera más sólida. Tiempos en los que dejamos a un lado nuestros valores para adoptar valores nuevos con los que, en muchos casos no nos identificamos, pero que si no seguimos, nos desmarcamos de esta loca sociedad.

Loca, porque avanza y cambia más rápido de lo que somos capaces de asimilar y, porque, en el fondo, es ella quién decide cuales deben ser los patrones educativos que debemos seguir, aunque, a veces, ni siquiera los comprendamos. Loca porque no se enmarca en un eje estable, sino que la clave está en innovar dando por hecho que todo lo anterior no vale.

Mi pregunta es: ¿no valen de nada los valores con los que hemos crecido?, ¿Son todos los nuevos criterios la panacea y el elixir del éxito?

Al margen de criterios ideológicos, deberíamos hacer uso de aquello que tradicionalmente conocemos como SENTIDO COMÚN. Un sentido, quizás olvidado en la actualidad pero que delimita los criterios educativos que debemos emplear. Aquellos que convierten a nuestros hijos en personas respetuosas, íntegras, con capacidad de entrega y  ayuda, con capacidad de análisis, reflexivas, pero con conciencia emocional,  y capaces de poner sus cualidades al servicio de los demás. Sólo de esta forma conseguiremos sentir que estamos educando correctamente, pues en último término educar (que no adoctrinar), implica, no caer en individualismos y colaborar en la construcción de una sociedad mejor, donde cada uno, siguiendo su propio sentido común, aporte su conocimiento para avanzar como sociedad, respetando la idea de libertad, entendida desde el prisma de que mi libertad acaba donde empieza la de los demás.

Y así, sólo desde el respeto, alcanzaremos el éxito en la educación.

PILAR BAOS REVILLA

PSICÓLOGA SANITARIA Y EDUCATIVA

DIRECTORA DE CENTRO MÉDICO VILLAMED