Entramos en una época de regalos navideños, de hacer realidad los sueños, en especial de los niños. En estas fiestas recibimos una enorme cantidad de estímulos que nos invitan al consumismo. ¡Todo es tan apetecible…!

Es precisamente en este momento en el cual, los padres, debemos hacer un esfuerzo especial para que los más pequeños aprendan a conocer el valor de las cosas. El momento de abrir los regalos es mágico en todos los hogares, pero hay que saber dosificar para que puedan disfrutar; a veces los niños se sienten tan abrumados ante tantos regalos que acaban por no saber elegir con qué jugar

Un exceso de regalos puede producir dos efectos negativos o poco deseables:

  • Sobrecarga de estimulación que les lleva a no ser capaces de seleccionar y, por tanto, es posible que acaben por no hacer caso a ninguno.
  • Relativizar el valor material. Al recibir un aluvión de regalos, cada uno de ellos pierde parte de su valor, convirtiendo al niño en un simple merecedor de premios a cambio de nada (o casi nada).

Cuando esto se produce de manera continuada se ahoga el deseo del niño y éste, sin duda, pierde valor.

Generaciones anteriores, prácticamente, sólo recibían regalos dos veces al año (por Navidad y por el cumpleaños) y esperaban ilusionados ese momento. Ahora, cada vez es más habitual premiar a los niños con cosas materiales, con demasiada frecuencia, tanto que, a veces, se les premia incluso por cumplir con sus responsabilidades (Ej: aprobar un examen, o recoger su habitación). Estas tareas forman parte de su responsabilidad, de la función que deben cumplir, y deben hacerlo al margen de premios materiales. Este exceso de premios hace que se conviertan en pequeños tiranos y que sientan que cada vez tienen más derechos que obligaciones.

Siempre es un buen momento para educar, y la época de Navidad es una ocasión preciosa para hacerlo. Educar en la solidaridad, en la generosidad y en el agradecimiento por todo lo recibido. Es una circunstancia ideal para ayudarles a entender que todo aquello de lo que disponen es un privilegio y para fomentar que  compartan con los menos afortunados. De esta forma irán, poco a poco, valorando lo que tienen y admitiendo que no todo buen comportamiento debe ser premiado de forma material.

Por otro lado, no olvidemos que el niño aprende mediante el juego y por ello, deberíamos elegir juguetes que faciliten ese aprendizaje y que permitan desarrollar al máximo las habilidades del niño.

En resumen:

Regalos de Navidad sin exagerar en la cantidad

Mejor regalos que tengan algún fin educativo en sí mismo

Regalos que fomenten la creatividad, la socialización y el desarrollo emocional del niño

Juguetes sencillos que ofrezcan múltiples posibilidades de juego

“no es más feliz quien  más tiene, sino quien  menos necesita” (San Agustín)

 

PILAR BAOS REVILLA

PSICÓLOGA

CENTRO MÉDICO VILLAMED