Los seres humanos somos sociables por naturaleza. Vivimos en sociedad; nos adaptamos y dependemos de ella, la sociedad nos marca los patrones adecuados de comportamiento desde siempre, por ello debemos interiorizarlos para modular nuestro conducta. No significa que debamos someternos a todas las normas sociales, pero si debemos aprender a modular nuestros actos. Debemos ser conscientes de que nuestra libertad termina allá donde empieza la del otro, por ello debemos basar nuestra conducta y comportamiento en el respeto hacia los demás. Asimilar esto desde pequeños nos transmite seguridad, nos enseña límites y nos marca nuestra propia libertad.

Desde esta perspectiva los niños deben modular su actitud. Aprender a diferenciar lo que está bien y lo que no. Lo que entra dentro de esos límites y lo que se sale de ellos. Estableciendo unos hábitos de comportamiento correctos enseñamos a los niños el respeto por sí mismos y por los demás. El respeto por su propia integridad personal y por la de los demás, y, solo de este modo podremos aprender a convivir en sociedad.

Factores como la sobreprotección o el exceso de permisividad juegan en contra de ese aprendizaje. Mientras que enseñar respeto, adecuación social, respeto por la libertad de los demás, capacidad de esfuerzo y tolerancia a la frustración harán de los niños de hoy adultos respetuosos en el futuro.  No hay educación sin respeto. Sin respeto no existen límites y sin respeto no existen valores sociales.

Debemos inculcar a nuestros niños estos valores para que los interioricen como  hábitos de cara a crear una sociedad mejor.

PILAR BAOS REVILLA

PSICÓLOGA SANITARIA Y EDUCATIVA

Nº COL. M-13138