Desde mi experiencia en el campo de la psicología infantil, viviendo la realidad de distintos centros educativos durante más de 20 años, uno de los aprendizajes más sólidos y motivadores que he adquirido consiste en ver como no existen limitaciones para quien quiere avanzar y mejorar. He tenido la oportunidad de trabajar  con niños que conviven con todo tipo de dificultades (intelectuales, sensoriales, físicas…), en muchos casos, la recepción de un diagnóstico va acompañado de un: “no podrá hacer tal o cual cosa, nunca será capaz de ….”, “no se puede esperar que llegue a ….”)  Sin embargo, no es el diagnóstico en sí quien limita, sino la actitud que adopta el niño y su familia frente al diagnóstico. Rendirse ante una dificultad, caer en la sobreprotección o  sentir compasión es lo que les hace diferentes.

Cualidades como la entereza, la fortaleza, la capacidad de esfuerzo, la perseverancia, el entusiasmo por aprender han logrado romper barreras que parecían imposibles; desde niños que han aprendido a andar cuando los médicos habían descartado la posibilidad,  niños con limitaciones intelectuales integrados en centros ordinarios y alcanzando objetivos que mejoran su autonomía, niños con visión muy limitada perfectamente adaptados. Todos ellos tienen características comunes: poseen las cualidades mencionadas anteriormente y, muy importante,  tienen cerca a alguien que confía en ellos y les recuerda que pueden conseguir todo lo que se propongan, despacio, sin prisa, sin prejuicios, simplemente confiando.

En educación debemos acompañar al niño en el proceso de convertirse  en la mejor versión de sí mismo dejando libertad para su propio desarrollo personal, hasta donde quiera llegar, ahí es donde debemos coloca los límites.

Para alcanzar el éxito no necesitamos aptitudes brillantes sino actitudes que nos hagan brillar

PILAR BAOS REVILLA

PSICÓLOGA  SANITARIA Y EDUCATIVA

Nº COL: M-13138